domingo, 10 de abril de 2011

Emboscada

He desesperado tan pronto,
apurando de un sorbo,
la copa traicionera
de la soledad.
 

Y ahora solo me queda
el recuerdo de un sueño
del momento tan bello
de un ayer que nunca pasó.

En el bar, dónde siempre,
ese al que nunca fuimos:
Tus risas, tus gestos,
tus ojos tan negros,
la mano siniestra
de la perfección.

(esa que solo veo yo)

He cortado de cuajo
la cuerda podrida que
inútilmente amarraba
la brújula inestable
de la tranquilidad.

(que rima con soledad)

Te dejé un poema
y un silencio absurdo
en el contestador del teléfono,
primero en la agenda,
dónde nunca lo anoté.

Por la puta costumbre
de marchitar en sueños,
te digo hasta luego y
ojalá no volvamos a vernos.

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