Somos peregrinos andantes, migrando.
Como migran las hojas de este otoño revirado.
De las copas de los árboles brotarán mil verdades
y con total ingravidez se desnudarán en silencio.
Tronco sabio de la razón que me llamas:
No permitas que este crimen me reine.
Ofrécele tus respuestas y una corteza protectora
a las ramas que se bifurcan huyendo de este sueño.
Putrefactos tus pétalos por lejanas primaveras
se abren paso en lechos de muerte
a un costado de este abismo,
dónde sedimentan traidoras las esperanzas austeras.
Quieres verme morir abrazado a lo incierto,
desangrando por los poros hasta la última gota.
Mis verdugos reirán mis lágrimas en sus ojos siniestros,
el día que todo lo arriesgue reciclando mis fantasías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario